El pasado 11 de marzo, el gobierno español anunció la puesta en marcha de lo que presentó como una herramienta necesaria para proteger la convivencia democrática: HODIO, el nuevo sistema para medir la «huella del odio y la polarización» en redes sociales.
Sin embargo, esta nueva medida es tan solo el eslabón más visible de un engranaje político y tecnológico mucho más amplio que Bruselas lleva años construyendo con un objetivo preciso: el control institucional del discurso público.
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