Se dice que hubo una época en que a la mujer se la trató como un ser débil e incluso como una propiedad. Más allá de que es evidente que esto dista mucho de la realidad actual, sería bueno reflexionar e interpelar este dicho porque tiene una clara connotación negativa, trasciende las esferas del feminismo y sigue vigente hasta nuestros días.
Frente a tanta estupidez, me pregunto si alguna vez se les cruzó por la mente que la mujer es el único ser capaz de llevar vida y garantizar la supervivencia de la especie humana. Es probable que este discurso victimista provenga de una interpretación obtusa de la realidad. De una mirada acotada que no contempla el escenario real donde se desarrolla la vida de los seres humanos ni las diferencias naturales entre el hombre y la mujer.
Es nuestro vientre el que ancla la preservación de la humanidad. Y sí, es una imposición de la naturaleza: solo la hembra puede dar vida. Es distópico y fastidioso toparse con personas que vacilan al momento de dar respuesta a una pregunta tan básica y elemental como qué es una mujer.
Independientemente de llegar a ser madre o no, mujer es quien nace con la condición biológica (única y maravillosa) de formar, desde el primer instante en que el espermatozoide fecunda el óvulo, un ser vivo. Mujer es quien protege en su vientre durante nueve meses el futuro de la humanidad. Por esto se ha cuidado a la mujer desde el principio de los tiempos. Se la ha honrado y valorado simplemente por ser lo que es. Como mujeres debemos defender nuestra historia y recuperarla de las garras del victimismo y la debilidad. La maldad siempre ha estado al acecho. Somos erráticos por naturaleza, pero esto no puede definir nuestro pasado ni condicionar nuestro presente. Menos sentenciar nuestro futuro.
Hoy el mundo es un lugar más seguro para habitar respecto a otras épocas. Más allá de la inevitable maldad humana y de las catástrofes naturales de las que no podemos escapar, podemos vivir relativamente en paz. Hay todo un sistema montado para tener seguridad y comodidad. Sin embargo, es importante no olvidar que se trata de una estructura que se armó sobre las raíces de una planta imposible de matar.
No podemos desterrar nuestra naturaleza animal e instintiva. En todo momento debemos estar alertas. Siempre existió el depredador. Solo ha habido un cambio de escenografía gracias a la capacidad que nos distingue del animal: la razón. El conocimiento, la civilización y el confort existen gracias al hombre y su capacidad de raciocinio.
Si todo lo que hemos creado como humanidad se destruyera por cualquier desastre natural, volveríamos a nuestro estado natural y primitivo. La pregunta que surge es: ¿cuántos seríamos capaces de buscar refugio, cazar, cuidar de nuestra familia y nuestras austeras pertenencias? ¿Quiénes serían los guerreros capaces de sobrevivir más de un día?
En un escenario como este, ¿cuáles serían los roles sociales que ocuparían los niños, los hombres, las mujeres y los ancianos?
Las respuestas afloran de forma natural, pero algunos tienen la osadía de decir que se trata de una construcción social y cultural. Un antropocentrismo sin mesura. Qué falta de humildad y cuánta ignorancia peligrosa que nos puede llevar a la autodestrucción.
Somos las hembras de la raza humana. Somos poderosas y salvajes. Somos guerreras por naturaleza. No somos una construcción.
La Valkiria