Por Matías Calero
Uruguay tiene más de veinte mil leyes vigentes y se supone que es motivo de orgullo. Las élites del Uruguay —sobre todo la política y la intelectual— se enorgullecen de la legislación que posee este país.
Desde la temprana protección del trabajador urbano asalariado en tiempos del primer batllismo (1911-1915) y la aprobación del divorcio por sola voluntad de la mujer, hasta la batería de reformas que conforman la llamada «agenda de derechos»: despenalización del aborto voluntario, producción y venta de cannabis, Ley Integral de Violencia de Género, Ley Trans y la recientemente aprobada Ley de Muerte Digna.
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