Lo que ocurre en Alemania marca un precedente que podría proyectarse sobre otros países europeos, en la medida en que compartan presiones demográficas, políticas y culturales similares.
El Estado destinará $30 millones anuales al teatro «independiente», gestionados por un consejo integrado por FUTI, SUA y ATI, organizaciones que ya reciben fondos públicos millonarios.