Una estupidez nueva todos los días

El editorial.

Cada mañana, al recorrer los diferentes portales de noticias del país, para saber qué pasa hoy, aparece el mismo patrón subyacente replicado masivamente en redes sociales y medios de comunicación.

Sumisión, estafa, corrupción, nepotismo, incompetencia, falsedad, interés, arrogancia, soberbia, ambición, locura, enfermedad, robo, guerra, muerte, maldad, bastardeo a los valores que nos hacen humanos.

Realmente, ¿qué nos aporta leer cada día un desastre nuevo, a sabiendas de que todo es parte de un show, que cuando se apaga la cámara, ellos se estrechan la mano y pactan acuerdos que perjudican a la mayoría?

Lo cierto es que cada quien a su cada cual. En definitiva, la vida de cada uruguayo de a pie transcurre lejos del circo mediático. Cada día te levantás en tu casa y tratás de construir un hogar, te esforzás por ser mejor —algo que solo vos sabés cómo lograr—, salís a trabajar, ves gente pasar, interactuás y, para bien o para mal, alguna sorpresa te llevás: ves estupideces al por mayor o te encontrás con aquel gesto que te devuelve la fe y te impulsa a mandarte una patriada.

Uruguay es un caso insólito. Un terruño hermoso, agraciado por el buen clima, los campos de tierra fértil y el agua dulce a rolete. Habitado por menos de cuatro millones que, en su gran mayoría, somos personas de bien, que empatizamos naturalmente con el dolor ajeno y la injusticia, que nos alejamos del mal y trabajamos para dejar un legado.

Tenemos todo y, por un instante, nos sentimos inmensos.

Pero basta con leer la estupidez del día para que se nos pinche el globo.

Inevitablemente, la inmensa mayoría de la información que circula por los medios y redes sociales es funcional al sistema y a la realidad paralela en la que viven los actores políticos.

No subestimemos el poder que tiene sobre nosotros la información que consumimos. Ellos lo saben, por eso la manipulan.

La sobrexposición a la estupidez termina moldeando nuestros pensamientos y realidades: nos hace sentir que atravesamos inéditos escenarios catastróficos, que nunca habíamos estado peor. Que el ser humano es una plaga. Que el mundo es un lugar hostil sin futuro posible y, por eso, es mejor no reproducirnos.

La verdad es que, bajo el sol, nada nuevo, y esta es la gran paradoja de nuestros tiempos: aun así, se las ingenian para escupir en nuestras mentes una estupidez nueva todos los días.

Pero nosotros tenemos el poder de elegir qué pensamientos queremos que habiten en nuestra mente.

Apaguen el celular y la caja boba. No corran detrás del algoritmo y de las noticias de turno.

Hagan algo productivo por su realidad. Cultiven su mente, cuerpo y espíritu. Es la única forma posible de estar fuera de su radio de dominio.

Salir del sistema es imposible. El gran desafío en estos tiempos es estar dentro de él, pero conscientes.

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