Una sociedad anestesiada por el algoritmo y educada en derechos sin deberes renuncia a su libertad real y se convierte en masa dócil, funcional a un sistema que premia la obediencia y castiga la responsabilidad individual.
No actúan por convicción, sino por miedo a que su miseria quede expuesta.
El editorial de Esteban Queimada.
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